viernes, 28 de octubre de 2011

Capitulo 66


Tuve que pasar por el lugar que me derrotaron. Mis ojos se empezaron a llenar de lágrimas. Tuve sentimientos encontrados, ese lugar solo me recordaba y me hacía sentir dolor y tristeza en lo más adentro de mi corazón. Sancho estaba en contra de las armas, por eso me enoje ya que las armas no le habían hecho ningún daño. Pasaron unos días y nos encontramos a dos hombres. Uno era muy gordo comparado con el otro. Discutían algo relacionado con el peso si mal no recuerdo. Los ánimos se estaban empezando a calentar entre estos dos amigos, que me vi en la necesidad de intervenir en su discusión y proponerles una solución.

Capitulo 64 y 65


Paseaba tranquilo por la playa, mi lugar preferido ya que el gigante se encuentra a tan solo unos pocos pasos de donde camino. Donde su sonido es más relajante que la propia música de Mozart. Mi meditación y momento de paz se vio interrumpido por un caballero que se llamaba el Caballero de la Blanca Luna. Este vino a decirme que su dama era más hermosa que la mía. Como dicen coloquialmente, “le toco los huevos al toro”. No podía permitir que dijera tal estupidez, por esa razón lo rete a un duelo inmediatamente. Hicimos un trato. Pero, debo ser humilde y aceptar que fui derrotado. Parte del trato era que tenía que retirarme un año de la caballería, algo muy triste para alguien que ama ser caballero. Emprendí el viaje de vuelta al pueblo con Sancho para así cumplir mi promesa.

Capitulo 63


Fuimos a ver las galeras donde vimos como trataban a los galeotes. Apresaron a un barco, estaban dispuestos a colgar al capitán. Pero sus ímpetus se vieron detenidos cuando se dieron cuenta que el capitán era una mujer. Una mujer siempre se sale con la suya gracias a su sex appeal, eso siempre lo he dicho y lo seguiré diciendo por el resto de mi vida. Iba en busca del tesoro de su padre. Dio una rápida explicación y su vida fue perdonada.

Capitulo 62


Pasamos unos días en la casa de un caballero que nos invito. Nos enseño un árbol que hablaba, pero era viernes y los viernes ese árbol no hablaba. Salimos a dar un paseo y me lleve la grata sorpresa que ya me puedo considerar como un hombre famoso. Todo el mundo me reconocía con solo verme. Fuimos a un baile en la noche y me sentí un poco incomodo con unas muchachitas que estaban un poco alborotadas, es por eso que tuve que ponerles un alto. Lo que ellas no saben es que amo a Dulcinea y a nadie más. A la mañana siguiente fuimos a ver a ese tal árbol hablador. Le hicimos unas cuantas preguntas y este respondió. Fui a visitar una imprenta y me tope con el libro mentiros de nuevo.

Capitulo 61


Cuanto tiempo paso, cuantas aventuras, todo lo que recorrimos, caminos, personas, malhechores, ladrones, Duques, doncellas y muchas cosas más. Atravesamos todo eso y hasta el día de hoy logramos ver una de las cosas más grandiosas de este mundo, el mar. Si, una palabra tan pequeña pero que en el mundo real es inmensa y majestuosa. Parado junto a él se siente su grandeza infinita, su brisa que choca contra tu cara, el olor de la sal, y simplemente solo puedes imaginar lo que se encuentra debajo de sus aguas, ya que es algo imposible de describir.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Capitulo 60


Estábamos durmiendo y una loca idea o más bien diría un extraño impulso sucedió en mi ser. Cuando vi a Sancho tan dormido en lo único que pensé y que quería hacer era azotarlo. Por eso tome las riendas de Rocinante y lo hice. Sancho se despertó inmediatamente y me inmovilizo. En la mañana fuimos rodeados por unos bandoleros, su líder tenía el nombre de Roque Guinart. Para nuestra dicha, el bandolero había escuchado de mí y siempre me había querido conocer. Nos encontramos también con una muchacha que nos conto una larga y aburrida historia. Lo único que me intereso un poco es que se trataba de una historia de celos, pero por lo demás en lo absoluto. Después de que los bandoleros nos dejaron libres continuamos nuestro camino hacia Barcelona.

Capitulo 59


Tenía una idea y pensaba cumplirla, la cual era dejarme morir de hambre, porque estaba sumido en mis pensamientos. Le pedí a Sancho que me azotara, pero no por ser masoquista si no por la simple razón de poder desencantar a Dulcinea. Sancho se negó, porque ya había experimentado lo doloroso que esto era. Yo estaba en la capacidad para aguantar eso y hasta más por salvar al amor de mi vida. Hoy sucedió algo que nos confundió mucho. Unos caballeros estaban hablando sobre la publicación de la segunda parte de Don Quijote. Leu un pequeño párrafo del libro y no pude continuar de la cólera que me dio, al ver las mentiras que este decía. De una vez por todas cancelamos el viaje a Zaragoza.